El fabricante de automóviles presentó esta semana una versión renovada de su postergado deportivo eléctrico, equipada con propulsores de gas frío que le permiten elevarse en el aire, aunque la variante voladora no podrá circular por la vía pública y las especificaciones de autonomía se han reducido a la mitad.
Tesla presentó la madrugada del viernes una versión radicalmente rediseñada de su largamente postergado deportivo Roadster, casi nueve años después de que la compañía comenzara a aceptar depósitos de 50.000 dólares por un vehículo que aún no ha entrado en producción comercial. La nueva iteración abandona las líneas curvas del prototipo de 2017 en favor de una carrocería angulosa y gris inspirada en la camioneta Cybertruck, e incorpora un sistema de propulsores de gas frío que, durante una demostración en vivo, permitió al automóvil despegar del asfalto y realizar acrobacias aéreas.
El evento, que había sido aplazado hace poco más de dos semanas debido a condiciones meteorológicas adversas, buscó reavivar el entusiasmo en torno a un modelo que se ha convertido en el símbolo de los plazos incumplidos de la empresa. Durante la exhibición, un prototipo del nuevo Roadster utilizó cañones de aire comprimido para saltar por encima de toda la gama actual de vehículos de la marca, ascender por una rampa, colocarse completamente boca abajo en el aire y aterrizar de manera controlada.
«2028, en realidad», dijo Elon Musk sobre la fecha estimada de inicio de la producción del vehículo, sin especificar el precio final ni el calendario de entregas para quienes reservaron el automóvil hace casi una década.
De acuerdo con las directrices de precisión periodística y neutralidad que exigen exponer el desarrollo técnico de una iniciativa antes de abordar sus vulnerabilidades o las objeciones de los críticos, la propuesta de ingeniería detrás del vehículo descansa sobre dos pilares mecánicos: la succión aerodinámica y la propulsión por gas comprimido.
En primer lugar, la firma automotriz, o carmaker, según la terminología estandarizada de la industria, explicó que el automóvil emplea un sistema de aerodinámica activa capaz de generar un efecto suelo de alta presión bajo el chasis, similar al de un monoplaza de Fórmula 1 y comparable en concepto al del deportivo británico McMurtry Spéirling. Según expuso Elon Musk, director ejecutivo de la compañía, esta capacidad para adherirse al pavimento le otorgará un paso por curva que le permitirá batir marcas en cualquier circuito y explica por qué el vehículo puede sostenerse invertido sin caer.
En segundo lugar, los propulsores de gas frío buscan resolver lo que la empresa describe como el límite físico de tracción de los neumáticos convencionales, el cual restringe la aceleración de los deportivos actuales. Al eludir esa fricción mediante empuje directo, la compañía afirma que la variante intermedia del modelo podrá acelerar de cero a 100 kilómetros por hora (alrededor de 62 millas por hora) en menos de un segundo. El Sr. Musk aseguró que el propio vehículo será capaz de recargar el aire comprimido de forma autónoma, aunque no se detallaron ni la capacidad de los tanques ni el tiempo exacto de vuelo disponible.
Tras el espectáculo visual, los datos técnicos publicados por la compañía en Twitter, evitando la jerga informal para referirse a las publicaciones en dicha red social, revelan recortes sustanciales respecto a las promesas originales de 2017. Cuando el primer prototipo de segunda generación fue anunciado con una batería con capacidad de almacenamiento de energía de 200 kilovatios-hora, Tesla prometió una autonomía de 1.000 kilómetros (620 millas), una aceleración de cero a 100 kilómetros por hora en 1,9 segundos para su versión base y una configuración de asientos 2+2.
En la actualización presentada esta semana, la autonomía prometida se ha reducido en un 50 por ciento, situándose en 300 millas (482 kilómetros), y el habitáculo ha perdido las plazas traseras para convertirse estrictamente en un biplaza o monoplaza, según la versión.
«Sí, puede volar», señala una nota aclaratoria al final del sitio web oficial de la compañía sobre la versión más avanzada del deportivo, pero advierte de inmediato que el vehículo «no está aprobado para circular por la vía pública».
La nueva estructura comercial divide el lanzamiento en tres versiones con requisitos financieros escalonados:
- Performance: Un modelo biplaza concebido para la carretera, dotado de aerodinámica activa y sistema de succión multimodo. Para reservarlo, la empresa exige un pago inicial de 5.000 dólares seguido de una transferencia de 45.000 dólares en un plazo menor a 10 días.
- Thrust: Una versión biplaza enfocada en el rendimiento en circuito, que suma los propulsores de aceleración a la aerodinámica mejorada. Su reserva requiere 5.000 dólares iniciales y un desembolso adicional de 245.000 dólares en menos de 10 días, con un límite de una unidad por cliente.
- Rocket: Una variante monoplaza descrita por el fabricante como lista para volar, que integra toda la tecnología anterior pero cuya reserva está restringida exclusivamente a clientes seleccionados mediante invitación directa de Tesla.
El anuncio se produce en un momento de transición estratégica para el fabricante, que tras consolidar al Model Y como el automóvil más vendido del mundo y enfrentar tropiezos comerciales con su camioneta eléctrica, ha comenzado a replegar su presencia tradicional con el cese reportado de los modelos S y X para priorizar el desarrollo de robots humanoides, vehículos sin pedales ni volante y sistemas de inteligencia artificial.
Mientras tanto, los clientes que depositaron 50.000 dólares en 2017 continúan esperando una unidad de producción que, incluso en las estimaciones más optimistas de su propio creador, tardará al menos otros dos años en llegar a las líneas de montaje.
Fuente: Xataka Movilidad.
