La reorganización de DeepMind reduce el peso operativo de Demis Hassabis y coloca el desarrollo de Gemini más cerca de Sergey Brin y de la sede de Google en California. El movimiento revela una transformación más profunda: la ciencia que durante años definió al laboratorio londinense está cediendo terreno ante la presión por convertir la inteligencia artificial en productos rentables.
Durante más de una década, DeepMind representó una anomalía dentro de Google.
Mientras gran parte de Silicon Valley se obsesionaba con productos, publicidad y crecimiento, el laboratorio fundado en Londres por Demis Hassabis cultivó una identidad más próxima a un instituto científico que a una división comercial. Allí surgieron proyectos como AlphaFold, el sistema de inteligencia artificial que revolucionó la predicción de estructuras de proteínas y contribuyó a que Hassabis recibiera el Premio Nobel de Química en 2024.
Ahora Google está alterando ese equilibrio.
Según personas familiarizadas con la reorganización, la compañía está trasladando el centro operativo de su proyecto de inteligencia artificial desde Londres hacia Silicon Valley y entregando una mayor responsabilidad sobre Gemini a Koray Kavukcuoglu, antiguo director de tecnología de DeepMind y actual vicepresidente sénior de Google.
Kavukcuoglu se trasladó el año pasado desde Londres a la sede de Mountain View, California. Su oficina se encuentra cerca de la de Sergey Brin, el cofundador de Google que, después de varios años alejado de las operaciones cotidianas, ha vuelto a ejercer una influencia creciente sobre la estrategia de inteligencia artificial de la compañía.
El cambio no consiste simplemente en reemplazar a un ejecutivo. Representa una transferencia de poder desde la cultura científica de DeepMind hacia la maquinaria comercial de Google.
Hassabis deja la operación diaria
Hassabis, que vendió DeepMind a Google en 2014 por unos 400 millones de libras, dejará de dirigir las operaciones cotidianas del laboratorio.
Pasará a desempeñarse como científico jefe de Alphabet y presidente de Google DeepMind, un puesto que le permitirá concentrarse en la investigación a largo plazo y en lo que considera la próxima gran frontera del sector: el desarrollo de una inteligencia artificial general, o AGI.
Kavukcuoglu, por su parte, asumirá mayor control sobre el desarrollo y comercialización de Gemini.
La transición llevaba meses preparándose. Hassabis ya había cedido parte de las responsabilidades operativas mientras Google aceleraba sus esfuerzos para convertir Gemini en una plataforma capaz de competir no solo en investigación, sino también en programación, herramientas empresariales y productos utilizados diariamente por millones de personas.
La diferencia es importante.
Durante años, DeepMind podía permitirse perseguir avances cuyo valor comercial inmediato era incierto. La nueva Google parece tener menos paciencia para esa clase de apuestas.
Según personas cercanas a la compañía, algunos dirigentes se habían mostrado frustrados por lo que consideraban una atención insuficiente de Hassabis hacia las exigencias comerciales de la división de inteligencia artificial.
Un ejemplo citado internamente fue AlphaFold.
Google permitió que el sistema de predicción de proteínas estuviera ampliamente disponible para la comunidad científica. La decisión produjo un extraordinario impacto académico y social, pero escasos ingresos directos en comparación con la inversión realizada.
Personas del entorno de la empresa rechazan, sin embargo, que exista un enfrentamiento entre Hassabis y la dirección de Google. Señalan que él mismo dirigió el lanzamiento inicial de Gemini y continúa comprometido con el éxito del proyecto.
El regreso de Sergey Brin
Detrás de la reorganización aparece otra figura decisiva: Sergey Brin.
El cofundador de Google había reducido considerablemente su participación cotidiana en la compañía antes de la explosión de la inteligencia artificial generativa. El lanzamiento de ChatGPT a finales de 2022 cambió esa situación.
Desde entonces, Brin ha regresado al desarrollo tecnológico y se ha convertido, según personas cercanas a Google, en una de las voces más influyentes en las decisiones relacionadas con Gemini, pese a no ocupar actualmente un puesto ejecutivo tradicional.
Su creciente presencia simboliza la urgencia que domina a la compañía.
Google fue durante años uno de los lugares donde se inventaron muchas de las tecnologías que hicieron posible la actual revolución de la IA. Sin embargo, OpenAI consiguió transformar antes esas investigaciones en un fenómeno de consumo con ChatGPT, mientras Anthropic ha conquistado una posición especialmente fuerte entre desarrolladores y clientes empresariales.
Google ha recuperado terreno.
El lanzamiento de Gemini 3 y el éxito de herramientas como Nano Banana, destinada a la edición de imágenes mediante IA, ayudaron a revitalizar la percepción de su estrategia. Pero dentro de la empresa persiste la preocupación por su posición en áreas como los modelos especializados en programación y las aplicaciones empresariales, donde OpenAI y Anthropic consiguieron ventajas tempranas.
Google ya no necesita demostrar que sabe investigar inteligencia artificial. Necesita demostrar que puede convertir esa investigación en negocios antes que sus competidores.
Temor dentro de DeepMind
El cambio ha generado inquietud entre empleados del laboratorio londinense.
Algunos temen que la cultura científica protegida durante años por Hassabis termine diluyéndose bajo una estructura más orientada a lanzamientos, usuarios y resultados comerciales.
Un antiguo ejecutivo de DeepMind que ahora trabaja para una compañía rival dijo haber recibido llamadas de empleados interesados en abandonar Google.
La preocupación llega además en un momento delicado para la retención de talento.
Jeff Dean, uno de los científicos más respetados de Google y empleado de la compañía durante 27 años, anunció recientemente su salida para fundar una nueva empresa de inteligencia artificial llamada Discovery Loop junto con otros tres colegas. Google respaldará el proyecto.
Los mercados también reaccionaron con nerviosismo: las acciones de Alphabet cayeron un 5% tras los anuncios, reflejando las dudas de los inversores sobre el creciente coste de la carrera por la inteligencia artificial y sobre cuánto tiempo necesitará la compañía para transformar esas inversiones en beneficios.
De laboratorio científico a “motor de IA”
La transformación de DeepMind comenzó antes.
En 2023, Sundar Pichai fusionó DeepMind con Google Brain, la histórica división de investigación en inteligencia artificial de Google. Hassabis quedó al frente de la organización combinada, que progresivamente absorbió otros equipos de investigación, seguridad y desarrollo de productos.
Él mismo definió recientemente esa estructura como el “motor de IA de Google”.
Pero un motor no está destinado únicamente a experimentar. Debe mover algo.
Ese es precisamente el dilema que explica la reorganización.
Hassabis seguirá pensando en sistemas capaces de acercarse a una inteligencia general. Kavukcuoglu deberá asegurarse de que las versiones actuales de esa tecnología lleguen al mercado más rápido. Brin, desde California, ejercerá una influencia cada vez mayor sobre ambas ambiciones.
Durante años, DeepMind intentó demostrar hasta dónde podía llegar la inteligencia artificial.
Google ahora necesita responder una pregunta diferente: cómo convertir esos descubrimientos en productos antes de que alguien más lo haga.
Fuente Expansión
