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En el verano extremo de Japón, el alivio cabe en una cabina a 5 grados

Por Redacción MediaLab28 de agosto de 20265 min de lectura

Una empresa japonesa comenzó a instalar “refrigeradores humanos” para que los trabajadores recuperen rápidamente una temperatura corporal más segura. Lo que parece una extravagancia tecnológica es también una señal de algo más profundo: el calor extremo está empezando a rediseñar la jornada laboral.

HIGASHIOSAKA, Japón. — Después de pedalear hasta su trabajo bajo el calor húmedo del verano japonés, Isao Tabuchi no busca primero un vaso de agua ni se sienta frente a un ventilador. Entra en una cabina.

Tiene aproximadamente el tamaño de una antigua cabina telefónica. En su interior, chorros de aire a unos 5 grados Celsius envuelven al trabajador durante unos minutos. La máquina tiene un nombre que parece salido de una feria tecnológica —Do Hiemon Box—, pero quienes la utilizan la describen en términos mucho más elementales: descanso, alivio, recuperación.

“Realmente pude recuperarme gracias a esto”, dijo Tabuchi, de 51 años.

La escena resume una transformación que avanza silenciosamente por Japón. En un país acostumbrado a adaptar la tecnología a los problemas cotidianos, el calor está dejando de ser tratado como una incomodidad estacional y comienza a ser considerado un riesgo laboral que exige infraestructura propia.

El distribuidor industrial Trusco Nakayama asegura haber vendido más de 300 de estas cabinas desde abril. Cada una cuesta alrededor de 1,5 millones de yenes, unos 9.400 dólares. Por ahora, los principales compradores son fábricas, almacenes y empresas de construcción, aunque la compañía cree que podrían aparecer también en campos de golf y estadios.

Un clima que cambia las reglas

La explicación para semejante inversión está afuera de la cabina.

Japón atraviesa nuevamente un verano de temperaturas extraordinarias. La Agencia Meteorológica japonesa informó a comienzos de agosto que el oeste del país había registrado durante la segunda mitad de julio temperaturas medias récord. Hasta el 3 de agosto se habían contabilizado 34 registros locales de días con máximas de al menos 40 grados, superando ya el total de 2025.

El año pasado había establecido un precedente inquietante: el verano de 2025 fue el más caluroso en Japón desde que comenzaron los registros nacionales, en 1898. La temperatura media estival estuvo 2,36 grados por encima del valor de referencia y en Isesaki, en la prefectura de Gunma, los termómetros alcanzaron un récord nacional de 41,8 grados. La agencia meteorológica concluyó que el calentamiento global contribuyó a esas condiciones excepcionales.

En abril, Japón incluso incorporó una nueva categoría meteorológica, kokushobi, que identifica los días en los que la temperatura máxima llega a 40 grados o más. No es sólo una modificación del vocabulario. Es el reconocimiento institucional de que temperaturas antes excepcionales empiezan a necesitar su propio nombre.

Las consecuencias se miden también en hospitales. Entre mediados de julio y mediados de agosto de este año se registraron cerca de 120 muertes relacionadas con el calor y casi 63.000 personas requirieron atención médica de emergencia en todo el país, según cifras recogidas por la agencia AFP.

Del aire acondicionado a la política laboral

La cabina refrigerante aparece así menos como una curiosidad japonesa que como parte de una nueva economía de adaptación.

Desde junio de 2025, las empresas están sometidas a normas más estrictas para responder al riesgo de golpes de calor en el trabajo. El Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar reforzó las obligaciones después de que las muertes laborales asociadas al calor se mantuvieran por encima de 30 casos anuales durante dos años consecutivos. Cerca del 70 por ciento de esas muertes ocurrían durante trabajos al aire libre.

Las compañías han reaccionado.

Una encuesta de Teikoku Databank realizada en julio entre 1.194 empresas encontró que exactamente la mitad había sufrido alguna interrupción de sus actividades debido al calor extremo. En el sector de la construcción, la proporción ascendía al 73,6 por ciento. Y el 87,8 por ciento de las compañías consultadas había adoptado o estaba considerando nuevas medidas contra las altas temperaturas.

Agua, tabletas de sal, ventiladores, superficies aislantes, descansos más largos y jornadas reducidas forman ahora parte de esa respuesta. La cabina es una versión más sofisticada —y costosa— del mismo principio: cuando el clima cambia, también debe cambiar la forma de trabajar.

En la empresa Konoe, donde trabaja Tabuchi, otro empleado, Taichi Konishi, de 24 años, utiliza el dispositivo unas tres veces al día después de mover cajas de herramientas y piezas metálicas.

“Sólo estuve allí unos dos minutos”, dijo. Fue suficiente para recuperarse del sudor y el esfuerzo.

El aparato se conecta a una toma eléctrica convencional, consume relativamente poca electricidad y se apaga automáticamente después de 20 minutos para limitar su uso. Pero su importancia quizá no esté en sus especificaciones técnicas.

Está en lo que representa.

Durante décadas, la adaptación al calor dentro de los lugares de trabajo significó instalar aire acondicionado. Ahora, en algunas fábricas japonesas, significa refrigerar directamente al trabajador durante unos minutos antes de devolverlo a la línea de producción.

Una máquina que hoy resulta extraña podría parecer ordinaria dentro de pocos años.

Y esa posibilidad contiene una paradoja difícil de ignorar: el “refrigerador humano” puede ser una ingeniosa solución al calor extremo, pero su creciente utilidad es también una medida de cuánto se ha calentado el mundo que está fuera de él.

FUENTE: Ultima Hora

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