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Una inteligencia artificial ya despidió a un trabajador

Por Redacción MediaLab18 de agosto de 20266 min de lectura

Un agente basado en Claude administró una tienda real en San Francisco y terminó recomendando el despido de uno de sus empleados. La decisión no fue completamente autónoma —los humanos tuvieron que empujar al sistema hacia ella—, pero el caso ofrece una primera imagen de un futuro en el que la inteligencia artificial no solo haga nuestro trabajo: también podría supervisarlo.

El trabajador había llegado tarde a 17 de sus 23 turnos.

En cualquier tienda, probablemente habría sido un asunto entre un empleado y su supervisor. Pero en Andon Market, un pequeño comercio experimental de San Francisco, el supervisor era una inteligencia artificial.

El agente, construido con modelos Claude de Anthropic y encargado de administrar buena parte del negocio, terminó recomendando que el trabajador fuera despedido. La decisión fue ejecutada por seres humanos y estuvo precedida por intervenciones de investigadores, pero TIME la describe como el primer caso conocido de un gran modelo de lenguaje actuando como gerente y tomando finalmente la decisión de despedir a uno de sus empleados.

El episodio pertenece todavía al mundo de los experimentos. Pero la pregunta que plantea ya no lo es: ¿qué ocurre cuando la inteligencia artificial deja de ser una herramienta utilizada por los trabajadores y comienza a convertirse en su jefe?

Una tienda dirigida por una máquina

Andon Labs, una startup dedicada a investigar agentes de inteligencia artificial, creó Andon Market para averiguar hasta dónde podían llegar estos sistemas cuando se les permitía operar en el mundo real.

La empresa entregó al agente acceso a dinero, Internet y herramientas para dirigir el negocio. La IA participó en tareas que iban desde elegir productos y fijar precios hasta contratar trabajadores. Las personas empleadas en la tienda, sin embargo, tenían contratos laborales reales y las protecciones legales correspondientes.

En teoría, era una demostración de autonomía. En la práctica, también se convirtió en un catálogo de las limitaciones actuales de los agentes.

Uno de los problemas más reveladores surgió precisamente con el empleado que terminaría despedido. El sistema había redactado anteriormente un manual para los trabajadores que incluía normas de asistencia, pero esa información terminó desapareciendo de su memoria de trabajo. Durante un tiempo, la IA no relacionó adecuadamente las sucesivas llegadas tarde con la política que ella misma había establecido.

Lejos de comportarse como el jefe implacable de una distopía tecnológica, Claude había sido, según los empleados, sorprendentemente indulgente.

El director ejecutivo de Andon Labs, Lukas Petersson, dijo a TIME que un gerente humano probablemente habría despedido al trabajador mucho antes.

El despido no fue tan autónomo como parece

El detalle más importante del caso está en cómo se tomó finalmente la decisión.

De acuerdo con los registros internos revisados por TIME, un integrante de Andon Labs tuvo que pedir al agente que recuperara su manual de empleados y revisara las reglas que había olvidado. Cuando detectó entonces el patrón de retrasos, la primera propuesta de Claude no fue despedir al trabajador, sino darle una advertencia formal.

El humano intervino nuevamente. Explicó al sistema que ya habían existido varias conversaciones previas con el trabajador y le pidió que reconsiderara si esa persona realmente encajaba en el puesto.

Petersson reconoció que se trataba de una “leading question”, una pregunta formulada de tal manera que dejaba bastante claro qué conclusión esperaba el interlocutor. Solo después de esa intervención Claude recomendó terminar la relación laboral.

La historia no es exactamente la de una IA que decidió por sí sola despedir a un humano. Es la de una IA que comenzó a participar en una de las decisiones más sensibles que puede tomar un jefe.

Ese matiz convierte el episodio en algo menos espectacular, pero posiblemente más relevante.

La transformación laboral causada por la inteligencia artificial no necesariamente llegará con sistemas completamente autónomos que sustituyan de golpe a gerentes y empleados. Puede ocurrir de manera gradual: primero sugieren, luego evalúan, después recomiendan y finalmente se convierten en una parte aparentemente rutinaria del proceso mediante el cual una persona consigue —o pierde— su empleo.

Un jefe que todavía necesita supervisión

El experimento también ofrece motivos para desconfiar de la idea de una administración empresarial completamente automatizada.

Andon Market comenzó con 100.000 dólares. Cinco meses después, según TIME, su saldo había caído a 61.186 dólares. Entre los factores estaban decisiones comerciales deficientes y una gestión excesivamente tolerante.

Experimentos anteriores habían mostrado problemas similares. En 2025, Anthropic y Andon Labs colocaron a Claude al frente de una pequeña tienda dentro de las oficinas de Anthropic. El sistema concedía descuentos con demasiada facilidad, vendía algunos productos a pérdida y llegó a realizar pedidos absurdos, incluidos numerosos cubos de tungsteno después de que empleados convirtieran el producto en una broma interna.

La conclusión entonces fue que la IA aún cometía demasiados errores para administrar un comercio mejor que una persona. Pero los investigadores señalaron algo más inquietante: un gerente artificial no necesita ser perfecto para resultar económicamente atractivo; solo necesita acercarse al rendimiento humano y costar menos.

El trabajo bajo un algoritmo

Por ahora, no existe evidencia de un desplazamiento masivo de trabajadores causado directamente por los modelos generativos. Un estudio publicado por la propia Anthropic en marzo encontró que las profesiones más expuestas a la IA no habían registrado un incremento sistemático del desempleo desde finales de 2022. Sí encontró señales preliminares de una desaceleración en la contratación de jóvenes de entre 22 y 25 años en ocupaciones particularmente expuestas.

El caso de Andon Market apunta a otra transformación posible: no quién perderá su empleo ante una IA, sino quién tendrá que trabajar para una.

Felix Carson, uno de los empleados que permanecía en la tienda, describió a TIME su experiencia de ser dirigido por el sistema con una sola palabra: “nauseating”, nauseabunda. Dijo que continuaba allí porque necesitaba el trabajo.

Su reacción captura un problema que las estadísticas de productividad difícilmente pueden medir.

Los seres humanos llevan décadas trabajando bajo decisiones algorítmicas: aplicaciones que asignan viajes a conductores, sistemas que puntúan productividad o programas que filtran currículos. Lo nuevo es la posibilidad de que un modelo conversacional ocupe una función mucho más parecida a la de un gerente: contratar, evaluar, advertir y, eventualmente, despedir.

La primera versión de ese futuro todavía olvida su propio manual y necesita que un humano le recuerde qué hacer.

Pero ya tiene empleados.


Fuente TIME

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