Threehalves mide más de dos metros, tiene cuatro patas, cuernos, ojos luminosos y puede llevar una motosierra en lugar de manos. Pero detrás de su apariencia inquietante hay un pequeño proyecto de robótica de California que pretende alejar a los trabajadores de incendios forestales y otros entornos extremos. Y su supuesto “sistema de autodestrucción” es, en realidad, un mecanismo físico para inmovilizarlo.
Si alguien se encontrara en medio de un bosque incendiado y, entre el humo, apareciera una criatura metálica de cuatro patas, cabeza cornuda y una motosierra acoplada al brazo, probablemente no pensaría que ha llegado el equipo de rescate.
Ese es, sin embargo, el futuro que imagina Satyress.
La pequeña empresa de robótica de Auburn, California, está desarrollando Threehalves, un prototipo de más de dos metros de altura que combina la parte superior de un humanoide con una base cuadrúpeda similar a la de un centauro. Sus creadores quieren emplearlo en trabajos forestales, incendios y zonas de desastre donde enviar a una persona supone un riesgo considerable.
El diseño se ha vuelto viral por razones bastante diferentes. Threehalves tiene una cabeza semejante a la de un toro, grandes cuernos, ojos iluminados y extremidades intercambiables capaces de incorporar herramientas como una motosierra o un taladro. Las imágenes parecen diseñadas para una película de terror.
Su creador, conocido públicamente como Beau G., es consciente de ello.
“Si tuviéramos objetivos nefastos, probablemente no lo habríamos hecho parecer así”. — Beau G., fundador de Satyress. (Traducción propia.)
Un robot para entrar donde una persona no debería hacerlo
Threehalves nació de un problema mucho menos extravagante que su apariencia.
Beau vive en el norte de California, una región acostumbrada a temporadas de incendios forestales. Después de que una tormenta derribara grandes árboles en su propiedad en 2020, comenzó a pensar en una máquina capaz de realizar trabajos físicos peligrosos sin exponer directamente a una persona. El proyecto tomó forma alrededor de 2022.
La filosofía de Satyress es utilizar robots no necesariamente para sustituir a trabajadores especializados, sino para mantenerlos físicamente lejos del peligro. La empresa describe un enfoque centrado en la teleoperación: una persona permanece a distancia y controla la máquina mediante un joystick, mientras el propio robot se ocupa de tareas básicas como conservar el equilibrio.
La idea no es enviar un robot autónomo a caminar libremente por un incendio, sino permitir que un humano trabaje allí sin tener que poner su propio cuerpo entre las llamas.
Las cuatro patas ofrecen una base amplia para terrenos irregulares. Las cámaras permiten al operador observar el entorno y, según Satyress, incluso los llamativos cuernos tienen una función: incorporan cámaras adicionales que proporcionan una vista de las patas mientras el robot atraviesa superficies accidentadas.
En lugar de manos convencionales, Threehalves utiliza conexiones para herramientas intercambiables. Una motosierra podría servir para cortar árboles o retirar vegetación; un taladro de impacto permitiría realizar otras tareas pesadas. La intención es que la máquina pueda modificar su configuración según el trabajo.
El “botón de matar” que no es una autodestrucción
Quizá ningún detalle ha contribuido tanto a la imagen de ciencia ficción del proyecto como su mecanismo de emergencia.
La Razón lo describió como un “sistema de autodestrucción”. Técnicamente, esa descripción resulta exagerada.
Threehalves no está diseñado para explotar ni destruirse. Satyress ha planteado una serie de mecanismos físicos destinados a dejarlo inmóvil si pierde energía, presión o control. Entre ellos hay frenos que se bloquean ante una pérdida de presión neumática.
La solución de último recurso es todavía más peculiar: depósitos de aire situados en el torso pueden perforarse físicamente. Al perder presión, el sistema acciona los bloqueos y las articulaciones quedan inmovilizadas.
Es, en otras palabras, menos un dispositivo de autodestrucción que una especie de interruptor de emergencia mecánico.
La decisión resulta llamativa precisamente porque la industria de la robótica lleva años discutiendo cómo garantizar que máquinas fuertes, móviles y potencialmente peligrosas puedan detenerse incluso cuando sus sistemas electrónicos fallen. Satyress ha optado por añadir una vía de intervención deliberadamente física: si el software deja de responder, todavía debería existir una manera mecánica de detener la máquina. La compañía también contempla mecanismos para congelar determinados movimientos.
Más prototipo que ejército de robots
Las fotografías virales también pueden producir una impresión equivocada sobre la madurez del proyecto.
Threehalves no es todavía un producto comercial listo para combatir incendios. Beau dijo a FOX Weather que el robot continúa siendo una prueba de concepto y que su equipo aún trabaja en el desarrollo de la mitad inferior. Satyress, por ahora, es esencialmente un proyecto llevado adelante por dos personas.
Tampoco existe una fecha pública de lanzamiento. La Razón señaló que se habían invertido más de 150.000 dólares en el prototipo, aunque la empresa no había anunciado cuándo podría convertirse en un producto operativo.
Eso coloca a Threehalves en una categoría bastante diferente de la que sugieren sus imágenes. No es todavía una máquina autónoma que patrulla bosques con una motosierra. Es una demostración de cómo podría ser una futura herramienta industrial teleoperada para trabajos extremadamente peligrosos.
Y quizá esa diferencia sea la parte más interesante.
Durante décadas, los robots destinados a rescates y catástrofes fueron concebidos principalmente como vehículos utilitarios: ruedas, cámaras y brazos mecánicos. Threehalves propone algo distinto. Combina movilidad animal, capacidad de manipulación humana y herramientas industriales en una misma plataforma.
El resultado produce inquietud porque se parece demasiado a las criaturas que la cultura popular nos enseñó a temer.
Pero Satyress apuesta por exactamente lo contrario: construir una máquina suficientemente intimidante y resistente como para entrar en aquellos lugares de los que un ser humano debería mantenerse lejos.
Fuente La Razón
